recorrido en colectivo - oeste 61

crónica realizada junto a Daniel Badenes2 de noviembre de 201319,6 km ida y vuelta desde calle 70 y 25escrito: Daniel Badenes - dibujos: Dani Lorenzo

El Oeste, para los platenses, es rojo. El que tomamos con Dani, cartel verde y blanco, pasa por la esquina de casa. Es el micro que une al oeste platense con el cementerio y los hospitales. Así cuenta su recorrido: desde Gambier, al final del Abasto, hasta el San Juan de Dios, el Niños y el Policlínico.

El Oeste es relativo. Todos los puntos cardinales lo son. Carhué, nuestro oeste, está al este de General Acha. Trenque Lauquen está al este de Castex. Y Villegas está tan al oeste de La Plata, como al este de General Alvear. Cuando Estructura llama Oeste, sin necesidad de dar explicaciones, a Guaminí, Pringles o Tapalqué, se posiciona. Habla de la Provincia de Buenos Aires. Habla desde La Plata. Confiesa esa ubicación, por primera vez en cinco números, en su propia portada. Los sábados el Oeste 61 pasa cada una hora. Hasta el final de todo, sale 2 con 65.

El primer barrio es el de la muerte. Frente al paredón blanqueado hay florerías, placas y cremaciones en oferta. Suben hombres y mujeres solos, arriba de los 40, y se sientan en el fondo. El micro pasa por un enorme corralón de ladrillos y dobla en 137. Ahora todo remite a la construcción. Ladrillos, vidrios, materiales. En la construcción trabajaba Tito, un hombre nacido en Villegas –el oeste del que habla la revista- y venido a La Plata en busca de una mejor vida. En el ´73 se juntó con pibes que armaron una Unidad Básica en el barrio y se hizo montonero. Una noche de 1976 lo secuestraron. Sobrevivió y buscó justicia. 30 años después volvieron a chuparlo. El micro pasa a tres cuadras de su casa, en Los Hornos, barrio de obreros, policías y silencios.

Un cartel municipal anuncia el asfalto en una zona donde el trazado es irregular, las calles se cortan y faltan plazas. La ciudad sigue mucho más allá del cuadrado. Sin límites: así se llama un periódico destinado al oeste platense, que se edita hace 22 años. La ciudad desborda; los arroyos también. En el recorrido, el micro pasa junto a tres cursos de agua sin entubar. Pasa también por varios locales del bruerismo, la fuerza política que naufragó en el casco platense pero sigue cosechando votos en la zona de los tomates y las flores.

-Prohibido olvidar– dice el dibujo de Juan Bertola en memoria del 2 de abril de 2013, cuando La Plata se pareció a Epecuén. Es la página 68, entera. Estructura vuelve a confirmar desde donde discute, escribe y publica.

La única garantía de supervivencia son los propios compañeros que han afrontado alguna vez los mismos riesgos, y el sostén emotivo, los mismos lectores. Es en esa experiencia compartida donde se configura, qué duda cabe, la hermandad entre la revistas”, escribían Agustín y Vero en 2011, en la tercera Estructura Mental. Dos años después, fieles a la idea, participan de un agrupamiento de revistas culturales, impulsan una distribuidora de ediciones independientes e invitan a colegas a pensar “Historias del Oeste”.

A mí la consigna me remitió a ese bondi que muy pocas veces tomé. La primera vez que escribí para La Pulseada, hace diez años, la revista tenía en la tapa un colectivo del nuevo Sistema de Transporte Urbano (SUT). Por la esquina de casa pasa uno. Va a Gambier. Dani lleva un bloc de notas rojo, como el Oeste.

Agustín Gambier fue uno de los fundadores del Jockey Club platense y también de la ley de minoridad. En la zona hay escuelas e institutos que llevan su nombre, como también el barrio y la Estación –hoy convertida en centro de jubilados- que pertenecía al ramal Avellaneda del extinto Ferrocarril Provincial. Pocas vías quedan de ese tren que conectaba La Plata con el oeste bonaerense. Con mente de petróleo, asfalto y transporte automotor, lo liquidó el frondicismo con el Plan Larkin. Corría el año sesenta y uno. 61: como el bondi que va dejando atrás las madereras, parrillas y créditos personales para internarse en una zona de calles de tierra, perros sueltos y Ave María Purísima.

Es literal: la zona se llama Abasto porque los fundadores la destinaban a los cultivos para abastecer a la ciudad. La frontera se corre cada vez más. Recién después de la Rotonda que cruza la 520 con la Ruta 2, casi al final del recorrido, aparecen los campos verdes y los invernaderos. En el camino está el Hospital de Romero, la Unidad 43 y los institutos de menores. Si esta parte también fuera literal, la localidad se llamaría Reclusión. Porque La Plata destinó su oeste al encierro de los locos y los delincuentes, los que no se ajustaban a la norma. Los pobres.

El Oeste fue el patio trasero de la ciudad blanca e ilustrada que siempre quiso ser La Plata, obra pretenciosa de la misma generación que inventó un desierto donde había tehuelches y gauchos matreros, como bien narra esta Estructura Mental.

La construcción de La Plata fue parte de ese proyecto político de generales, terratenientes y abogados. Su Museo de “Ciencias Naturales”, como bien recupera Mariano Dubín, fue participe de la operación de enterrar históricamente al indio. Más tarde, la aristocracia local también buscaría enterrar históricamente al peronismo: así, lo borró de sus libros y de también de su mapa, cuando la “Libertadora” desmembró a Berisso. El sitio de donde venían los borceguíes con olor a frigorífico y a puerto que en 1945 pisotearon los símbolos más queridos por esos platenses céntricos cuyas revistas culturales hablaban de Europa y el resto del mundo civilizado.

El Oeste 61 va rápido. En una hora completa el recorrido. A la vuelta frena frente al puesto improvisado de remeras y camisetas, junto al puente que cruza la 520. El micro empieza a llenarse otra vez. Algunos suben con flores, cosechadas ahí nomás, que llevan rumbo al sureste donde se lloran las ausencias.

Casi todos bajan ahí, en el Cementerio, donde alguien creyó que se había escondido el viejo nacido Villegas, desaparecido en democracia, cuando una versión infame lo daba por perdido. Ahí donde fueron a parar tantos, en abril, cuando los arroyos desbordaron.

Unas cuadras después tocamos el timbre nosotros, ni bien el bondi entra al casco urbano, cerca del San Juan de Dios. 4 kilómetros al sur de Malisia, donde a la noche vamos a celebrar la quinta Estructura Mental a las Estrellas, que es celebrar su capacidad de pensar a las letras sin despegarlas de los territorios y la vocación de compartir con otros sus búsquedas en geografías diversas.

*El texto y las imágenes forman parte de un cuadernito, edición única, realizado para celebrar la salida del Nº5 Estructura Mental a las Estrellas.